Hay días en que el calor (o el frío siberiano, por el poder de la autosugestión) te pone en la mano unos clavos y un martillo, para que los endereces. Hoy es uno de esos días.

-Ahí está -dijo Oliveira-. Tenía que suceder, a vos no te cambia nadie. Llegás al borde de las cosas y uno piensa que por fin vas a entender, pero es inútil, che, empezás a darles la vuelta, a leerles las etiquetas. Te quedás en el prospecto, pibe.
-¿Y qué? -dijo Traveler-. ¿Por qué te tengo que hacer el juego, hermano?
-Los juegos se hacen solos, sos vos el que mete un palito para frenar la rueda.
-La rueda que vos fabricaste, si vamos a eso.
-No creo -dijo Oliveira-. Yo no hice más que suscitar las circunstancias, como dicen los entendidos. El juego había que jugarlo limio.
-Frase de perdedor, viejito.
-Es fácil perder si el otro te carga la taba.
-Sos grande -dijo Traveler-. Puro sentimiento gaucho.

Rayuela, cap. 41. Julio Cortázar.

Todo suele salir bien pero hay que suscitar las circunstancias para ello.

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