Pues señor, esto es un reloj de los analógicos y hermosos, de esos de agujas, que suelo llevar en mi muñeca izquierda. ¿Por qué en la izquierda? Pues porque la primera vez que me puse un reloj lo enganché en esa mano. Mi historia con los relojes es de amor-odio: odio tener que organizar mi vida por lo que marcan esos cacharritos pero al mismo tiempo, detesto llegar tarde y soy puntual al minuto.

Y así tengo ahora mi reloj, regalo de mi décimoctavo cumpleaños, que en unos días cumplirá 6 añitos. Justo el 6 es el número que se le ha ‘despegado’, entorpeciendo el normal discurrir de las agujas, habiéndome llevado a tomar la decisión de pararlo, dejándolo que acierte dos veces al día.

Hace un par de años leí el “Preámbulo de las instrucciones para dar cuerda a un reloj”, de Cortázar, que seguramente es más conocido por el anuncio de aquel coche que no recuerdo cuál era. No obstante, con ello os dejo. Espero que os emocione menos que a mí.

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

El tiempo se puede detener.