Rayuela, Capítulo 143

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Como siempre cuando estoy melancólico, recurro a Rayuela. Y como hoy además me falta inspiración para escribir nada pero me apetece poner algo aquí, os dejo el capítulo 143, que si bien no es un gran capítulo tiene una reflexión final que me estremece y enternece a la vez. Espero os emocione, como siempre, pero menos que a un servidor.

Por la mañana, obstinados todavía en la duermevela que el chirrido horripilante del despertador no alcanzaba a cambiarles por la filosa vigilia, se contaban fielmente los sueños de la noche. Cabeza contra cabeza, acariciándose, confundiendo las piernas y las manos, se esforzaban por traducir con palabras del mundo de fuera todo lo que habían vivido en las horas de tiniebla. A Traveler, un amigo de juventud de Oliveira, lo fascinaban los sueños de Talita, su boca crispada o sonriente según el relato, los gestos y exclamaciones con que lo acentuaba, sus ingenuas conjeturas sobre la razón y el sentido de sus sueños. Después le tocaba a él contar los suyos, y a veces a mitad de un relato sus manos empezaban a acariciarse y pasaban de los sueños al amor, se dormían de nuevo, llegaban tarde a todas partes.

Oyendo a Talita, su voz un poco pegajosa de sueño, mirando su pelo derramado en la almohada, Traveler se asombraba de que todo eso pudiera ser así. Estiraba un dedo, tocaba la sien, la frente de Talita. (“Y entonces mi hermana era mi tía Irene, pero no estoy segura”), comprobaba la barrera a tan pocos centímetros de su propia cabeza (“Y yo estaba desnudo en un pajonal y veía el río lívido que subía, una ola gigantesca…”). Habían dormido con las cabezas tocándose y ahí, en esa inmediatez física, en la coincidencia casi total de las actitudes, las posiciones, el aliento, la misma habitación, la misma almohada, la misma oscuridad, el mismo tictac, los mismos estímulos de la calle y la ciudad, las mismas radiaciones magnéticas, la misma marca de café, la misma conjunción estelar, la misma noche para los dos, ahí estrechamente abrazados, habían soñado sueños distintos, habían vivido aventuras disímiles, el uno había sonreído mientras la otra huía aterrada, el uno había vuelto a rendir un examen de álgebra mientras la otra llegaba a una ciudad de piedras blandas.

En el recuento matinal Talita ponía placer o congoja, pero Traveler se obstinaba secretamente en buscar las correspondencias. ¿Cómo era posible que la compañía diurna desembocara inevitablemente en ese divorcio, esa soledad inadmisible del soñante ? A veces su imagen formaba parte de los sueños de Talita, o la imagen de Talita compartía el horror de una pesadilla de Traveler. Pero ellos no lo sabían, era necesario que el otro lo contara al despertar: “Entonces vos me agarrabas de la mano y me decías…” Y Traveler descubría que mientras en el sueño de Talita él le había agarrado la mano y le había hablado, en su propio sueño estaba acostado con la mejor amiga de Talita o hablando con el director del circo “Las Estrellas” o nadando en Mar del Plata. La presencia de su fantasma en el sueño ajeno lo rebajaba a un mero material de trabajo, sin prevalencia alguna sobre los maniquíes, las ciudades desconocidas, las estaciones de ferrocarril, las escalinatas, toda la utilería de los simulacros nocturnos. Unido a Talita, envolviéndole la cara y la cabeza con los dedos y los labios, Traveler sentía la barrera infranqueable, la distancia vertiginosa que ni el amor podía salvar. Durante mucho tiempo esperó un milagro, que el sueño que Talita iba a contarle por la mañana fuese también lo que él había soñado. Lo esperó, lo incitó, lo provocó apelando a todas las analogías posibles, buscando semejanzas que bruscamente lo llevaran a un reconocimiento. Sólo una vez, sin que Talita le diera la menor importancia, soñaron sueños análogos. Talita habló de un hotel al que iban ella y su madre y al que había que entrar llevando cada cual su silla. Traveler recordó entonces su sueño: un hotel sin baños, que lo obligaba a cruzar una estación de ferrocarril con una toalla para ir a bañarse a algún lugar impreciso. Se lo dijo: “Casi soñamos el mismo sueño, estábamos en un hotel sin sillas y sin baños.” Talita se rió divertida, ya era hora de levantarse, una vergüenza ser tan haraganes.

Traveler siguió confiando y esperando cada vez menos. Los sueños volvieron, cada uno por su lado. Las cabezas dormían tocándose y en cada una se alzaba el telón sobre un escenario diferente. Traveler pensó irónicamente que parecían los cines contiguos de la calle Lavalle, y alejó del todo su esperanza. No tenía ninguna fe en que ocurriera lo que deseaba, y sabía que sin fe no ocurriría. Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco.

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Algún día habrá que seguir con esto…

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Pues sí, no me he olvidado que tengo un blog, que lo tengo desatendido. Aquí aviso de que volveré a escribir. Algún día. Sobre algún tema. De momento, esto se queda así.

Sobre la entrevista a Simon Peres

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Como no aprendo, me sigo metiendo en política en el blog. No sé por qué ni para qué pero tras lo visto esta mañana, si no escribiese reventaría. Esta mañana, como buena parte de los millones de parados españoles, me levanté temprano. Sí, soy tan estúpido que me siento incapaz de holgazanear un lunes.

Tras desayunar y mientras planchaba la ropa de la semana sintonicé la primera cadena de Televisión Española, que en esos momentos emitía una entrevista en diferido. Ana Pastor, a la sazón directora del programa Los Desayunos de TVE, se encargaba de realizar una entrevista chapucera, que dejaba en muy mal lugar a la televisión pública española.

Para empezar, la señorita Pastor se luce con un intento de inglés macarrónico típico de quien no lo ha usado nunca. El mismo que usaba yo en mi primera semana en Irlanda, con la diferencia de que yo no lo usé en la televisión nacional. Tras comprobar (se nota su momento de vacilación) que no entiende al señor Peres, que se expresa en inglés con cierta soltura, pasamos a la habitual transmisión horrible que nos brindan nuestros medios cada vez que hay una entrevista EN DIRECTO con un personaje que, eso sí, no domina el español.

Lo más sangrante de este caso es que la entrevista fue EN DIFERIDO. La traductora, cuyo deficiente uso del subjuntivo demuestra que el español no es su lengua nativa, tiene grandes dificultades para realizar la traducción simultánea. En lugar de pasar a una traducción con subtítulos se insiste en una grabación de falso directo con una realización mediocre, dejándonos sin conocer la respuesta del primer ministro israelí a varias preguntas, siendo una sucesión de “que… como… y…” lo que oímos por respuesta. ¿No hay entre los millones de parados ninguno que domine el inglés y el español lo suficiente como para hacer una traducción decente?

Me parece deprimente esta realización por parte de TVE, así como indignante que no permitan al (no tan pequeño) grupo de españoles que dominan mejor o peor el inglés oír las palabras exactas del entrevistado, para que así pudiesen sacar sus propias conclusiones.

En cuanto a la labor de la entrevistadora, me pareció sumamente hostil. Para empezar, no soy antisionista, ni tampoco pro. Pero el acoso con ciertas re-repreguntas a Simon Peres me hizo sentir simpatía por él. Político experimentado al fin y al cabo, esquivó con respuestas ambiguas la insistencia de Ana Pastor por sacar declaraciones explosivas, insistiendo en el apoyo israelí al caído gobierno de Mubarak y evitando entrar en profundidad en el tema de Irán.

Para algunos, será fabuloso que no le hiciese el juego al entrevistado. Para otros, algo innecesario en una entrevista que se presume neutral a un jefe de Estado que va a visitar nuestro país en los próximos días. En el término medio está la virtud y en este caso, la directora de Los Desayunos se ha quedado muy lejos de ese punto.

Para finalizar, pido un poco de calidad en cuanto a contenidos y de neutralidad en cuanto a tendencias políticas, que sería mucho más adecuado para entrevistas como la de esta mañana.

¿Qué es lo que comen las brujas?

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– Leche, galletas y a ti, corazón mío, a ti.

Faltan tres días para que el nuevo LP de Nacho Vegas, La Zona Sucia, sea publicado. Título inspirado en Fernando Alonso, sí, como buen asturiano es fan del piloto lobatesco. Un disco que será licenciado bajo Creative Commons, bajo el sello de Marxophone. Sin material nuevo en formato de disco (ya sea EP o LP) los fans de Vegas estamos impacientes por echarle mano al nuevo material.

Mientras tanto, ya tenemos dos canciones en versión de estudio y una tercera en acústico, que es estremecedoramente tierna.

Bien, coño, bien.

El hijo del vampiro

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Tenía ganas de escribir pero me falla la inspiración. Así que os transcribo uno de los cuentos más maravillosamente sobrecogedores de Cortázar. Feliz Año Nuevo.

Probablemente todos los fantasmas sabían que Duggu Van era un vampiro. No le tenían miedo pero le dejaban paso cuando él salía de su tumba a la hora precisa de medianoche y entraba al antiguo castillo en procura de su alimento favorito.

El rostro de Duggu Van no era agradable. La mucha sangre bebida desde su muerte aparente -en el 1060, a manos de un niño, nuevo David armado de una honda-puñal- había infiltrado en su opaca piel la coloración blanda de las maderas que han estado mucho tiempo debajo del agua. Lo único vivo, en esa cara, eran los ojos. Ojos fijos en la figura de Lady Vanda, dormida como un bebé en el lecho que no conocía más que su liviano cuerpo.

Duggu Van caminaba sin hacer ruido. La mezcla de vida y muerte que informaba su corazón se resolvía en cualidades inhumanas. Vestido de azul oscuro, acompañado siempre por un silencioso séquito de perfumes rancios, el vampiro paseaba por las galerías del castillo buscando vivos depósitos de sangre. La industria frigorífica lo hubiera indignado. Lady Vanda, dormida, con una mano ante los ojos como en una premonición de peligro, semejaba un bibelot repentinamente tibio. Y también un césped propicio, o una cariátide.

Loable costumbre en Duggu Van era la de no pensar nunca antes de la acción. En la estancia y junto al lecho, desnudando con levísima carcomida mano el cuerpo de la rítmica escultura, la sed de sangre principió a ceder.

Que los vampiros se enamoren es cosa que en la leyenda permanece oculta. Si él lo hubiese meditado, su condición tradicional lo habría detenido quizá al borde del amor, limitándolo a la sangre higiénica y vital. Mas Lady Vanda no era para él una mera víctima destinada a una serie de colaciones. La belleza irrumpía de su figura ausente, batallando, en el justo medio del espacio que separaba ambos cuerpos, con hambre.

Sin tiempo de sentirse perplejo ingresó Duggu Van al amor con voracidad estrepitosa. El atroz despertar de Lady Vanda se retrasó en un segundo a sus posibilidades de defensa, y el falso sueño del desmayo hubo de entregarla, blanca luz en la noche, al amante.

Cierto que, de madrugada y antes de marcharse, el vampiro no pudo con su vocación e hizo una pequeña sangría en el hombro de la desvanecida castellana. Más tarde, al pensar en aquello, Duggu Van sostuvo para sí que las sangrías resultaban muy recomendables para los desmayados. Como en todos los seres, su pensamiento era menos noble que el acto simple.

En el castillo hubo congreso de médicos y peritajes poco agradables y sesiones conjuratorias y anatemas, y además una enfermera inglesa que se llamaba Miss Wilkinson y bebía ginebra con una naturalidad emocionante. Lady Vanda estuvo largo tiempo entre la vida y la muerte (sic). La hipótesis de una pesadilla demasiado verista quedó abatida ante determinadas comprobaciones oculares; y, además, cuando transcurrido un lapso razonable, la dama tuvo la certeza de que estaba encinta.

Puertas cerradas con Yale habían detenido las tentativas de Duggu Van. El vampiro tenía que alimentarse de niños, de ovejas, hasta de -¡horror!- cerdos. Pero toda la sangre le parecía agua al lado de aquella de Lady Vanda. Una simple asociación, de la cual no lo libraba su carácter de vampiro, exaltaba en su recuerdo el sabor de la sangre donde había nadado, goloso, el pez de su lengua.

Inflexible su tumba en el pasaje diurno, érale preciso aguardar el canto del gallo para botar, desencajado, loco de hambre. No había vuelto a ver a Lady Vanda, pero sus pasos lo llevaban una y otra vez a la galería terminada en la redonda burla amarilla de la Yale. Duggu Van estaba sensiblemente desmejorado.

Pensaba a veces -horizontal y húmedo en su nicho de piedra- que quizá Lady Vanda fuera a tener un hijo de él. El amor recrudecía entonces más que el hambre. Soñaba su fiebre con violaciones de cerrojos, secuestros, con la erección de una nueva tumba matrimonial de amplia capacidad. El paludismo se ensañaba en él ahora.

El hijo crecía, pausado, en Lady Vanda. Una tarde oyó Miss Wilkinson gritar a la señora. La encontró pálida, desolada. Se tocaba el vientre cubierto de raso, decía:
-Es como su padre, como su padre.

Duggu Van, a punto de morir la muerte de los vampiros (cosa que lo aterraba con razones comprensibles), tenía aún la débil esperanza de que su hijo, poseedor acaso de sus mismas cualidades de sagacidad y destreza, se ingeniara para traerle algún día a su madre.

Lady Vanda estaba día a día más blanca, más aérea. Los médicos malderían, los tónicos cejaban. Y ella, repitiendo siempre:
-Es como su padre, como su padre.

Miss Wilkinson llegó a la conclusión de que el pequeño vampiro estaba desangrando a la madre con la más refinada de las crueldades.

Cuando los médicos se enteraron hablóse de un aborto harto justificable; pero Lady Vanda se negó, volviendo la cabeza como un osito de felpa, acariciando con la diestra su vientre de raso.
-Es como su padre -dijo-. Como su padre.

El hijo de Duggu Van crecía rápidamente. No sólo ocupaba el cuerpo de Lady Vanda. Lady Vanda apenas podía hablar ya, no le quedaba sangre; si alguna tenía estaba en el cuerpo de su hijo.

Y cuando vino el día fijado por los recuerdos para el alumbramiento, los médicos se dijeron que aquél iba a ser un alumbramiento extraño. En número de cuatro rodearon el lecho de la parturienta, aguardando que fuese la media noche del trigésimo día del noveno mes del atentado de Duggu Van.

Miss Wilkinson, en la galería, vio acercarse una sombra. No gritó porque estaba segura de que con ello no llegaría a nada. Cierto que el rostro de Duggu Van no era para provocar sonrisas. El color terroso de su cara se había transformado en un relieve uniforme y cárdeno. En vez de ojos, dos grandes interrogaciones llorosas se balanceaban debajo del cabello apelmazado.
-Es absolutamente mío -dijo el vampiro con el lenguaje caprichoso de su secta- y nadie puede interponerse entre su esencia y mi cariño.

Hablaba del hijo; Miss Wilkinson se calmó.

Los médicos, reunidos en un ángulo del lecho, trataban de demostrarse unos a otros que no tenían miedo. Empezaban a admitir cambios en el cuerpo de Lady Vanda. Su piel se había puesto repentinamente oscura, sus piernas se llenaban de relieves musculares, el vientre se aplanaba suavemente y, con una naturalidad que parecía casi familiar, su sexo se transformaba en el contrario. El rostro no era ya el de Lady Vanda. Las manos no eran ya las de Lady Vanda. Los médicos tenían un miedo atroz.

Entonces, cuando dieron las doce, el cuerpo de quien había sido Lady Vanda y era ahora su hijo se enderezó dulcemente en el lecho y tendió los brazos hacia la puerta abierta.

Duggu Van entró en el salón, pasó ante los médicos sin verlos, y ciñó las manos de su hijo.

Los dos, mirándose como si se conocieran desde siempre, salieron por la ventana. El lecho ligeramente arrugado, y los médicos balbuceando cosas en torno a él, contemplando sobre las mesas los instrumentos del oficio, la balanza para pesar al recién nacido, y Miss Wilkinson en la puerta, retorciéndose las manos preguntando, preguntando, preguntando.

Julio Cortázar, La otra orilla.

De la discriminación positiva de la Universidad de Sevilla

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No suelo meterme en temas de política en el blog porque no lo tengo para eso. Pero me ha llegado hace un rato un correo de la Universidad de Sevilla que me ha parecido rabiosamente machista. En concreto, el correo en cuestión lleva como asunto Convocatoria de ayudas. Uno lo ve y piensa “bien, a tanta gente estudiante le hace falta una ayuda que este correo será muy bienvenido”. Pero empiezo a leer y me doy cuenta de que solo está dirigido a un sector de la población. Diferenciado por sus órganos sexuales. En pleno 2010. ¿IGUALDAD? Por los cojones.

El correo en cuestión dice:

La Unidad para la Igualdad de la Universidad de Sevilla ha efectuado la Convocatoria de Ayudas denominada Programa “Mujeres en situación de especial vulnerabilidad” año 2010. Las bases se pueden consultar en el siguiente enlace: http://www.igualdad.us.es/pdf/Mujeres_Situacion_Vulnerabilidad10.pdf

El plazo de presentación de solicitudes concluye el próximo 10 de diciembre.

Analizando por encima el texto se puede leer “La Unidad para la Igualdad”: ¿qué es eso? ¿Una unidad para la Igualdad de género? ¿De verdad es, hoy en día, necesaria? En mis seis años de estudiante no lo creí necesario en ningún momento. En fin, sigamos. “Mujeres en situación de especial vulnerabilidad año 2010”. Esto me saca una sonrisa. En 2010, repito, en 2010, con más de cuatro millones de parados en España, se considera que las mujeres pueden estar en situación de especial vulnerabilidad. ¿Están asumiendo que los hombres son más fuertes e invulnerables o es que yo soy muy retorcido? Literalmente, es lo que pone ahí.

Vamos a las bases, que aquí es donde empieza lo bueno (es un PDF escaneado, para que si te da por analizar el texto en un blog lo tengas que copiar a mano; por suerte hoy trabajo desde casa):
1. Las Ayudas podrán ser solicitadas por aquellas mujeres que cumplan los siguientes requisitos en el año 2010:

  1. Mujeres que pertenezcan a la Comunidad Universitaria… etcétera
  2. Mujeres que presenten algún/os de los siguientes factores que puedan suponer riesgo de exclusión social: (empieza la diversión)
    1. Mujeres con reconocimiento legal de la condición de minusvalía con un grado igual o superior al 33%. Si eres minusválido pero te cuelga no puedes optar a esta ayuda
    2. Mujeres inmigrantes. Oh, tú, Nabil, marroquí sin velo, no hay ayuda para ti, tienes barba.
    3. Mujeres pertenecientes a minorías étnicas. Señor Reyes, esta ayuda solo puede ser solicitada si usted carece de bolsa escrotal
    4. Mujeres con menores y/o mayores dependientes a su cargo. ¿Cómo? ¿Que usted es padre soltero? Jajajaja no es posible. ¿Y que cuida de su abuelo? ¿Pero usted no tiene hermana y/o madre?
    5. Mujeres embarazadas. Esta es razonable, aunque es cierto que tu pareja/novia/mujer podría estar embarazada, pero bueno…
    6. Mujeres que afrontan solas la maternidad. ¿Sola es sin marido/novio/hombre que la proteja, sin madre que la reconforte y le ayude, sin familia que le eche una mano?

En fin, habrá quien me llame machista a mí, pero me parece que éste es el peor machismo posible. La “discriminación positiva”: el concepto más denigrante, zafio y horrible inventado por el gran lobby de lo políticamente correcto. El concepto que asume que la mujer debe ser discriminada para ser igual al hombre. Un concepto que usa lo más arcaico y grotesco de las costumbres arraigadas en nuestra sociedad para convencernos de que la mujer necesita ayudas especiales, leyes especiales y subvenciones especiales para progresar en una sociedad falocrática.

Llámenme machista a mí por considerar a la mujer una compañera igual que un hombre, que no necesita leyes, ayudas o subvenciones para escalar cuando de verdad vale. Porque las hay válidas y las hay no válidas. Las hay competentes y las hay incompetentes. Exactamente igual que entre los hombres. Igualdad no es discriminación. Discriminación positiva es discriminación. No me van a convencer de lo contrario. ¿Lo han hecho con ustedes?

Disculpen, voy a vomitar.

Un español en Landsowne Road o el camino más corto para sentirte irlandés

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Bueno, bueno, bueno. Vaya cumpleaños. En Dublín, en pleno mes de noviembre, cuando las selecciones de rugby del hemisferio sur vienen a Europa a jugar partidos amistosos, los famosos Test del mes de Noviembre. Y ¡ay, Carmela! que el día de mi cumpleaños, ayer, 20 de noviembre de 2010, aparecían por aquí los Allblacks, los Todonegros, la selección de Nueva Zelanda, para jugar contra Irlanda en el nuevo Landsowne Road, actualmente conocido como Aviva Stadium. Benditas casualidades.

Obviamente, me puse a buscar cómo ir a ese partido. La primera opción, Internet, claro. Pero resulta que solo te venden paquetes de entradas para NZ-Argentina, por 190€… un disparate, más que nada porque yo solo quería ver a los neozelandeses. Así que nada Internet. Día del partido, faltan 3 horas para que empiece. Vamos para Landsowne Road, lo peor que pueda pasar es que tenga que ver el partido en un bar de por allí.

Llego al primer bar que veo y me acerco a uno de los de seguridad. ¿Sabrías dónde puedo conseguir una entrada para el partido?. Ahí empezó la espera, aderezada con una pinta de Guinness y el Inglaterra-Samoa y Escocia-Sudáfrica en dos pantallas anexas. Tensa espera, queda hora y media, una hora… de vez en cuándo, hablaba con mi colega. La última conversación fue más o menos así:

– There’s nothing yet, isn’t?
– No, nothing.
– Is it still possible?
– Definitely.

Cinco minutos y un sms a mi hermano después se me acerca a decirme que habemus entrada. Ea, pues vamos para el campo, que esto empieza ya. Cuando estoy entrando al estadio empiezo a darme cuenta de la dimensión de lo que estoy haciendo, de lo que significa para mí. Mis dos selecciones favoritas frente a frente, en directo. Voy a ver a Dan Carter, a Mils Mulliaina, a Peter Stringer, a Ronan O’Gara, Brian O’Driscoll, Richie McCaw, Conrad Smith, Rob Kearny.

Y así entro en el nuevo Landsowne Road y un cosquilleo recorre mi cuerpo. Una oleada de sensaciones del todo diferentes a las vividas hasta ahora. Llego a mi asiento y empiezo a hablar de rugby con mi vecino de la derecha. Acento irlandés relativamente cerrado, del Leinster pero reconociendo la grandeza de hombres como Stringer y O’Gara (they should play forever). Empiezan los himnos y el respeto mostrado al himno neozelandés me hace recordar a mi mentor en el rugby, el que me metió en esta droga, José Manuel Palomares, y cómo le gustaría estar allí conmigo. ¡Te jodes, Jose, yo fui y tú no! 😉 El Ireland’s Call, primero en irlandés, después de inglés, sencillamente ES-TRE-ME-CE-DOR. La Haka. Increíble cómo encendió a todo el estadio y cómo, a pesar del ruido, de la gente pitando y gritando, se oían los golpes en todo el estadio. AAAAAAA KA MATE, KA MATE OOOORI.

Así empezó el partido, con Nueva Zelanda atacando brutalmente en los primeros minutos, tanto que pareció que podía caer el ensayo en la primera jugada. Minuto 10 y empiezan a calentar los suplentes irlandeses. O’Gara con un abrigo tres cuartos, Stringer con un gorro. A 10 metros de mí. Sí, lo estaba flipando, son dos de mis mayores ídolos. Venga, Antonio, que se está jugando un partido. Intercambio de golpes entre los dos equipos, hasta el 6-9 y en una jugada trenzada irlandesa llega el primer ensayo de la noche. Éxtasis, sonrisas y vítores de júbilo impresionantes. Maravillosa sensación de hermandad y de orgullo. Al filo del descanso, ensayo kiwi para darle la vuelta al marcador y que nos fuésemos al entretiempo con el cuerpo un poco frío.

El descanso dedicado única y exclusivamente a ir al baño. 15 minutos de cola, madre mía. Comienza la segunda parte y Mulliaina sigue con su partido perfecto, rompiendo la línea de 3/4 irlandesa y provocando que su equipo meta dos ensayos en dos minutos. Partido roto, imposible de remontar para Irlanda. Pero había que seguir luchando.

Y a esto que entra Peter Stringer y se cae el Aviva. Me acordé de cuando entra Pippo Inzaghi en San Siro. Ovación tremenda para un medio-melé que debería ser eterno. Dos minutos para demostrar por qué es mejor que Reddan, por qué a pesar de sus casi 33 años salvo irrupción de un medio-melé estelar debería ser titular en la RWC de Nueva Zelanda. Él y O’Gara (que jugó 10 minutos entrando como zaguero), O’Gara y él, deberían ser los titulares del próximo mundial.

Sexton ayer demostró que no da la talla, siempre toma la decisión equivocada y su patada está a años luz de la de Ronan. Sexton es un 7, O’Gara, un 9. El jugador del partido fue Dan Carter, que él es un 10. Muy impresionante su milimétrica patada, una en concreto metiendo el balón a medio metro del line-out para que bote y salga. Muy impresionantes sus movimientos de ruptura, sus pases a la mano justo cuando fijaba. Muy buen juego el desplegado por Nueva Zelanda y la sensación de que Irlanda podía haber hecho algo más.

En resumen, un partido maravilloso, un sueño alcanzado, ver a dos equipazos en el campo, en directo, respirando rugby, viviendo un ambiente inigualable. Un regalo de cumpleaños perfecto. ¡Feliz cumpleaños!

EDIT: añado enlace con la galería de fotos de ayer en Picasa

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