Un español en Landsowne Road o el camino más corto para sentirte irlandés

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Bueno, bueno, bueno. Vaya cumpleaños. En Dublín, en pleno mes de noviembre, cuando las selecciones de rugby del hemisferio sur vienen a Europa a jugar partidos amistosos, los famosos Test del mes de Noviembre. Y ¡ay, Carmela! que el día de mi cumpleaños, ayer, 20 de noviembre de 2010, aparecían por aquí los Allblacks, los Todonegros, la selección de Nueva Zelanda, para jugar contra Irlanda en el nuevo Landsowne Road, actualmente conocido como Aviva Stadium. Benditas casualidades.

Obviamente, me puse a buscar cómo ir a ese partido. La primera opción, Internet, claro. Pero resulta que solo te venden paquetes de entradas para NZ-Argentina, por 190€… un disparate, más que nada porque yo solo quería ver a los neozelandeses. Así que nada Internet. Día del partido, faltan 3 horas para que empiece. Vamos para Landsowne Road, lo peor que pueda pasar es que tenga que ver el partido en un bar de por allí.

Llego al primer bar que veo y me acerco a uno de los de seguridad. ¿Sabrías dónde puedo conseguir una entrada para el partido?. Ahí empezó la espera, aderezada con una pinta de Guinness y el Inglaterra-Samoa y Escocia-Sudáfrica en dos pantallas anexas. Tensa espera, queda hora y media, una hora… de vez en cuándo, hablaba con mi colega. La última conversación fue más o menos así:

– There’s nothing yet, isn’t?
– No, nothing.
– Is it still possible?
– Definitely.

Cinco minutos y un sms a mi hermano después se me acerca a decirme que habemus entrada. Ea, pues vamos para el campo, que esto empieza ya. Cuando estoy entrando al estadio empiezo a darme cuenta de la dimensión de lo que estoy haciendo, de lo que significa para mí. Mis dos selecciones favoritas frente a frente, en directo. Voy a ver a Dan Carter, a Mils Mulliaina, a Peter Stringer, a Ronan O’Gara, Brian O’Driscoll, Richie McCaw, Conrad Smith, Rob Kearny.

Y así entro en el nuevo Landsowne Road y un cosquilleo recorre mi cuerpo. Una oleada de sensaciones del todo diferentes a las vividas hasta ahora. Llego a mi asiento y empiezo a hablar de rugby con mi vecino de la derecha. Acento irlandés relativamente cerrado, del Leinster pero reconociendo la grandeza de hombres como Stringer y O’Gara (they should play forever). Empiezan los himnos y el respeto mostrado al himno neozelandés me hace recordar a mi mentor en el rugby, el que me metió en esta droga, José Manuel Palomares, y cómo le gustaría estar allí conmigo. ¡Te jodes, Jose, yo fui y tú no! 😉 El Ireland’s Call, primero en irlandés, después de inglés, sencillamente ES-TRE-ME-CE-DOR. La Haka. Increíble cómo encendió a todo el estadio y cómo, a pesar del ruido, de la gente pitando y gritando, se oían los golpes en todo el estadio. AAAAAAA KA MATE, KA MATE OOOORI.

Así empezó el partido, con Nueva Zelanda atacando brutalmente en los primeros minutos, tanto que pareció que podía caer el ensayo en la primera jugada. Minuto 10 y empiezan a calentar los suplentes irlandeses. O’Gara con un abrigo tres cuartos, Stringer con un gorro. A 10 metros de mí. Sí, lo estaba flipando, son dos de mis mayores ídolos. Venga, Antonio, que se está jugando un partido. Intercambio de golpes entre los dos equipos, hasta el 6-9 y en una jugada trenzada irlandesa llega el primer ensayo de la noche. Éxtasis, sonrisas y vítores de júbilo impresionantes. Maravillosa sensación de hermandad y de orgullo. Al filo del descanso, ensayo kiwi para darle la vuelta al marcador y que nos fuésemos al entretiempo con el cuerpo un poco frío.

El descanso dedicado única y exclusivamente a ir al baño. 15 minutos de cola, madre mía. Comienza la segunda parte y Mulliaina sigue con su partido perfecto, rompiendo la línea de 3/4 irlandesa y provocando que su equipo meta dos ensayos en dos minutos. Partido roto, imposible de remontar para Irlanda. Pero había que seguir luchando.

Y a esto que entra Peter Stringer y se cae el Aviva. Me acordé de cuando entra Pippo Inzaghi en San Siro. Ovación tremenda para un medio-melé que debería ser eterno. Dos minutos para demostrar por qué es mejor que Reddan, por qué a pesar de sus casi 33 años salvo irrupción de un medio-melé estelar debería ser titular en la RWC de Nueva Zelanda. Él y O’Gara (que jugó 10 minutos entrando como zaguero), O’Gara y él, deberían ser los titulares del próximo mundial.

Sexton ayer demostró que no da la talla, siempre toma la decisión equivocada y su patada está a años luz de la de Ronan. Sexton es un 7, O’Gara, un 9. El jugador del partido fue Dan Carter, que él es un 10. Muy impresionante su milimétrica patada, una en concreto metiendo el balón a medio metro del line-out para que bote y salga. Muy impresionantes sus movimientos de ruptura, sus pases a la mano justo cuando fijaba. Muy buen juego el desplegado por Nueva Zelanda y la sensación de que Irlanda podía haber hecho algo más.

En resumen, un partido maravilloso, un sueño alcanzado, ver a dos equipazos en el campo, en directo, respirando rugby, viviendo un ambiente inigualable. Un regalo de cumpleaños perfecto. ¡Feliz cumpleaños!

EDIT: añado enlace con la galería de fotos de ayer en Picasa

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Esto es una fieeeeeeschta

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Campeones del Mundo. Sí, todos lo sabéis, todos habéis leído esta frase. Alguno lo habrá asumido, a otro le costará más. Como mi primo, que me preguntó que a qué hora jugaba España, que lo del domingo fue un sueño. Qué bonito es ser Campeón del Mundo fuera de tu tierra. Aquí os dejo una crónica de lo que fue la final en la Piazza Ghiberti.

Llegábamos a las seis y media de la tarde a la plaza donde habíamos visto todos los partidos de España. Había que llegar pronto para coger sitio, calentar el ambiente (aunque hacía bastante calor) y organizarnos. Resultó que los holandeses a esa temprana hora ya eran mayoría: sentados en sus sillas, con sus camisetas naranjas, muy tranquilos, sin saber lo que les esperaba. Y se oía mucho una frase ‘los holandeses son más’. Y fueron más siempre.

Empezó a llegar la tropa, cerveza en mano, cantando desde antes de llegar. Cánticos adaptados, como el de los Pumas, la mítica de Esta es tu grada y La casa de Kluivert es un puticlú hicieron ver desde muy pronto a los holandeses que la batalla de la tifosería la tenían más que perdida.

Desde las siete hasta el final del partido, cantando y cantando, se respiraba en el ambiente que era un día grande. Aquello prometía. Máximo respeto a los himnos (con un poco de trabajo, como siempre) y a rodar el balón. Qué sensaciones, qué tensión, qué nervios… Se veía a una España superior pero Holanda estuvo ahí todo el rato, violenta, brusca y con opciones. Con la primera parada de Íker me quedé frío pero cuando le sacó el mano a mano a Robben me permití el lujo de dudar de la victoria.

Y nos fuimos a la prórroga y redoblamos los cánticos, aunque algunos ya no podíamos ni hablar. Daba igual, gritábamos como si nos escuchasen en el campo. Dispone Holanda de una falta peligrosa, nervios en la hinchada. Incredulidad y críticas al árbitro cuando no da el córner clarísimo (‘qué malo es’ es lo más fino que se escuchó). Y esa contra, ese pase fallado de Torres, ese rechazo que Cesc convierte en la mayor asistencia de su vida, y ese ‘blanquito’, el que no tiene gol pero que ha marcado en dos de los partidos más importantes de su vida. Y esa celebración del gol, con las lágrimas a punto de cauce. Y esos abrazos con gente que no conoces, que no volverás a ver pero a los que estabas unido por un sentimiento. Muy grande, muy grande, muy grande.

Después han venido las polémicas por el árbitro, por quién ha llevado más jugadores, quién ha tenido más mérito y tantas y tantas gilipolleces. Pero el domingo todos gritamos gol y todos festejamos como si no existiese el lunes. Desde Italia, desde Florencia… VIVA ESPAÑA.

De la fiesta posterior no creo que haya que reseñar nada. Simplemente como cualquiera en la que hayáis estado, un éxtasis absoluto.

Un jardín en cada poro

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A Sergio

Estaba yo hoy proyectando cuando entre línea y línea de código he empezado a escribir esta entrada acordándome del gran Sergio Algora. Seguramente lo más lógico habría sido esperar al 9 de julio, al día que se cumplan dos años desde que nos falta. Pero no, no voy a esperar a una fecha especial para homenajearle porque, como el mismo decía, todos los días son especiales.

Es curioso. Empecé a oír a uno de sus grupos El Niño Gusano a finales de 2009. Y a leer sus textos un poco después. Solo con leer la Bio de su blog, la autodescripción como dipsómano ya empieza a hacerte ver lo que te has perdido: a una de esas personas que merecería la pena haber conocido, haber sido su amigo y echarle de menos como seguro le echan todos los que lo conocieron.

Hoy me declaro algoreño convencido y si algún día ese grupo que siempre tuve en mente sigue adelante ya tiene nombre. Y mientras tanto, continuaré escuchando El Niño Gusano y Hay muy poca gente y La Costa Brava, porque yo también adoro a las pijas de mi ciudad. Y leeré los textos de Sergio y no me lamentaré de lo que no ha escrito porque escribió todo lo que quiso.

Hice auténticos milagros. Sólo deseché resucitar a los muertos porque no me gusta despertar a la gente cuando ha cogido el sueño, el de tirón, el de la pierna suelta para siempre.

Fdo: el algoreño.