Hoy ha aparecido una publicación de Alberto Garzón, el insigne diputado de Izquierda Unida por Málaga, en la que decía esto:

“El 9 de mayo de 1945 capituló la Alemania nazi. Sólo en la URSS murieron 27 millones de personas luchando contra el fascismo. #NoPasaran”

Personalmente, me gusta que haya escrito eso. En general es un político que cae bien entre la juventud, por eso de que estaba muy pegado al 15M. A pesar de ser una persona que menosprecia la democracia española, en su twitter ha escrito muchas frases llamando a la sedición (por si acaso, se preparó la vitola de mártir), vive de dicho sistema político. A pesar de anhelar más democracia para España, apuesta por el camino de las repúblicas bolivarianas (sic). ¿Por qué va a mirar a la izquierda del Norte de Europa, mucho más culta y menos populista? Lo mismo es que no les entiende.

Ya irá intuyendo el lector que no es mi político favorito. Y hoy se destapa como revisionista del comunismo. Veintisiete millones (27.000.000) de personas murieron combatiendo el fascismo. Como he leído en el twitter de Ignacio Mungía, o no ha abierto un libro de historia en su vida o es un hijoputa (esas risas).

En las últimas semanas (y estoy tardando bastante porque es un libro durísimo), estoy leyendo con ahínco Archipiélago Gulag. Escrito por Aleksandr Solzhenitsyn, es un relato de la vida en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Desmonta muchos, muchísimos mitos asimilados por nuestra olvidadiza sociedad de aquella U.R.S.S., en la que podías ser condenado a muerte por hacer bien tu trabajo, por ser más capaz que un miembro del NKVD o, simplemente, porque había que traer a alguien nuevo a tu puesto de trabajo.

Mientras he estado escribiendo se me ha ido transformando la indignación en tristeza. Tristeza por los millones de muertos del comunismo soviético. Tristeza por el ucranianos, lituanos o estonios que Stalin trató con tanto ahínco de exterminar. Tristeza por los millones de personas que acabaron en campos de trabajo (en el maldito GUlag). Y miedo porque este caballero alguna vez consiga ser algo más que diputado.

Lo que anhela ya está claro. Ya sabe, querido lector, cuánto me asusta a mí que lo consiga. ¿Le asusta ahora a usted también?

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