Lo de (I) es porque espero que este solo haya sido el primero. Bueno, bueno, vaya tres días pasamos la semana pasada. Ante todo, me disculpo por el retraso en la crónica, pero es que los últimos días han sido un tanto alocados.

Todo empezó el sábado día 28, día original de partida, que acabó siendo el día de quedamos a las 8 de la mañana para comer, no lleguéis tarde. Realmente sirvió para informarnos de los precios de alquileres de coche y tal, pero si lo escribo así no es tan divertido. Total, tras un fin de semana en el que Lara y Cristina prepararon el itinerario del viaje llega el domingo noche y Armando y yo empezamos a hacer preguntas sobre el itinerario (sí, somos unos dejaos de mierda, lo confieso).

Hala, lunes por la mañana, ¡qué frío! ¿Nos vamos? Venga, vamos por el coche. ¡Es chico! ¡Que no, que cabemos! Pues dale, Lara, a la carretera. Lara al volante, Zipi de copiloto. Al rato, primera (y sorprendentemente única) cagada del copi, jejeje. Para ir a Módena teníamos que coger un desvío por un pueblo pero acabamos llegando a Bolonia. Tonterías, porque por esa misma carretera también se llegaba.

Al final, como era de esperar, llegamos a Módena. Bonita ciudad, pero no el mejor sitio para llegar un lunes… ni un martes, ni un miércoles. Me explico, seguramente sea una ciudad preciosa, con su Orto Botanico (anda que no dio juego esto) y su Duomo y tal, pero fue la más prescindible de todas las que visitamos.

Después de un almuerzo a base de tortillas de patatas, dejamos los filetes rusos para merendar, nos fuimos para Verona, que empezaba a llover. Y llegamos a una ciudad maravillosa, a la que he de volver para verla sin lluvia. Madre mía, la que nos cayó. Claro, las cinco y media de la tarde, noche cerrada, lloviendo torrencialmente. Solo pudimos ir a sobarle un poco las tetas a Julieta y vamos para Padua.

Llegamoso a Padua donde nos recibió Ana, una amiga de Lara y Cris que nos trató maravillosamente. ¡Vámonos a cenar! Venga, vamos. ¿Y los filetes rusos? Para desayunar mañana. Ok, venga pues. Al día siguiente… ¡Venecia!

Tuvimos la suerte de que no nos llovió. Es una ciudad preciosa, cada rincón es bonito y la Plaza San Marcos es increíble… pero no sé, es como que le faltaba algo… ¡ah, sí! Lo denuncio públicamente: Venecia no tiene alcantarillas (por si alguien no lo pilla, estoy de coña; bueno, tener no tiene, pero que es normal, si allí está todo mojado). ¡Ahí va! ¡Se nos han olvidado los filetes rusos! Bueno, esta noche los comemos.

Hala, nos volvemos para Padua, que digo yo que habrá que verla. Y de repente me encuentro delante de la catedral de San Antonio con un tío que saltaba que me jodió la rodilla; no os angustiéis, ya estoy bien 8-). En fin, Padua, una ciudad muy bonita, incluso de noche. Bueno, vamos para casa, que cocina Arfa. ¿Comemos pasta? Ok. ¿Y los filetes rusos? Pues los dejamos para mañana. Vaaale.

Miércoles por la mañana tempranito. Vamos para San Marino. Onomatopéyicamente: buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah. Qué hermoso país (xD), con su ciudad excavada en plena montaña, sus decoraciones de Navidad (no encendidas 😦 ), sus tiendas de armas… ¿Y los filetes rusos? ¿Nos los comemos ya? Vengaaa, vaaaale. Después, visitamos la primera torre y poco más, que ya empezaba a hacerse tarde. Un paseo por la ciudad con muuucho frío y muuucha pena, por todo lo que nos quedábamos sin ver. Por mí, me hubiese quedado a vivir allí.

Conclusión: tengo que volver a visitar Verona y San Marino. Y hacer más viajes, claro. Por el camino he dejado cientos de anécdotas (¿cómo dormimos?) y de kilómetros (con oles para Cristina, de miedo que teníamos, y para Lara, que si no, llora xDDD). A ver cuándo llega el próximo.