devuélveme la vida.

Hoy se publicó Vinagre y Rosas, el nuevo disco de Joaquín Sabina. Lo tengo en el mp4 desde por la mañana, lo he oído alguna vez y ahora mismo estoy escuchándolo y solo puedo decir: BUAAAAAH. La verdad es que desde 2005 sin material nuevo dan para muuucho mono, estos días han sido eternos.

Pero ya está aquí, catorce canciones, 57 minutos, tan intensos, tan densos… Empieza con el single, Tiramisú de Limón, que como es costumbre en los discos del genio de Úbeda no es la mejor canción, no la catalogaría ni siquiera como una de las 3 mejores. Le siguen Viudita de Clicquot, un tema maravilloso para empezar a entrar en calor y en color; continúa una oda a Praga, a esa ciudad que no conozco pero que se ha convertido en mi preferida (Cristales de Bohemia).

Transición sempre in crescendo con Parte Meteorológico, de ritmo ligero y aires de su época grande (mediados los 90) y Ay, Carmela, quizá la canción menos natural y más forzada del disco, compensación a su primogénita por el desaire de Ay, Rocío del disco anterior 😛 El punto álgido del disco, los tracks seis y siete: Virgen de la Amargura… simplemente oídla, escuchadla, desguazadla, asimiladla, no puedo comentar nada más; y Agua pasada, la musicalización del soneto Puntos suspensivos, del que probablemente sea su mejor poema (al menos el más conocido), con un ritmo calmo, down, emocionante.

Le sigue un descanso con el corte que da nombre al disco, Vinagre y rosas, típica canción sabiniana, quizá donde más se nota la pluma de Benjamín Prado. Sigue Embustera, hermosa canción para ir cogiendo ritmo, que esto se empieza a acabar. Nombres impropios, canción al ateísmo o algo así, es una canción que hay que oír hasta captar el mensaje, este hombre no es de una audición, la verdad 🙂 Homenaje a Ángel González, Menos dos alas… maravilloso, “…a las dos no era de día…“.

La peor canción del disco es la pista 12, Crisis, que aun siendo un poquitín similar a La del pirata cojo, me parece un poco sobreactuada y forzada. Eso sí, lo arregla con el Blues del alambique, siendo genial el nombre, la letra, la música… “sabiendo que llorar no es un atajo hacia el mar…”. Y acaba con un bonustrack, Violetas para Violeta, canción muy rítmica a Violeta Parra, décimas musicalizadas.

En conclusión, un disco bueno, grande… ¿cuán grande? Eso es algo que decidirán los años. Solo espero que el próximo no tarde cuatro años en salir… y que no sea póstumo. ¡GRANDE JOAQUÍN RAMÓN, GRANDE!