Sodot a aloh. ¿Me extrañábais? Yo a vosotros, nada. Cositas nuevas desde Firenze, que aquí la vida es muy intensa.

Hoy hay que contar la revolución contra la señora del Gato, o de la Cara o de algo así. Ella quería poder absoluto y se encontró con Ché-Armando (conocido como Zipi, en adelante) que no es de Rosario pero bien podría serlo. Con un simple gesto derrocó el poder totalitario de Cristina Batista.

Antes de seguir, voy a explicar de qué va esto. El juego de la Señora Caragato consiste en que una señora (un tanto sexista el juego) tiene poder absoluto sobre todos los presentes; éstos tienen que pedir permiso hasta para rascarse la nariz. La primera (y última, porque fue el final sorprendente del juego xD) parte consiste en que se va haciendo una ronda de gestos. Cada jugador tiene su gesto propio; cuando le llega el turno, debe hacer primero su gesto y después el de otro de los participantes para mandarle beber.

Y aquí llega el golpe. Cuando le tocaba a Zipi hacer su gesto, hizo algo que recordaré toda mi vida a no ser que se me olvide. Se levantó la camiseta, mostrando lo que en una mujer serían las glándulas mamarias. Claro, a las chicas no les hizo ninguna gracia (reprimidas de mierda… ‘¬¬); tras la negativa de las miembras (Aído dixit) se produjo una votación democrática que perdieron. Para nada, está claro que en este mundo si te cuelgan los órganos sexuales no tienes nada que decir. Así que juego suspendido y a otra cosa mariposa.

Eso fue el viernes. Ayer, por la tarde, llamé a mi compañero Zipi y decidimos irnos a dar una vuelta por el centro. Prácticamente en ese momento, nuestras vidas se cruzaron con la de Giancarlo, que estaba decidido a hacernos probar el tartufo. ¡Larga vida a Magnelli! Una de las mejores comidas de mi vida (véase la cara extasiada de la foto).

07112009(013)

Qué bueno estaba todo...

Y es que fue una comida de las que hacen época, buenísima la carne, buenísima la pasta, buenísima la llamada de las incrédulas. El vino no era gran cosa, aunque a Gianca le gustó bastante, viendo cómo lo acumulaba… Más fotos, que éramos cuatro, coñe. Se me olvidaba, el cuarto era José.

Antonio y José

Hala, con José y el vvvino

Giancarlo y Armando

Gianca, Armando y más vvvino

Ragazzi, andate a Scarperia, venite a casa mia, ce il letto matrimoniale pero ci stiamo in cinque. Grande, grande, Gianca.